Me casé en un oasis a media hora de Madrid

Habíamos decidido casarnos en Madagascar, una maravillosa isla del Índico, pero problemas de trabajo de Alejandro y las ganas de casarnos ya, nos hizo decantarnos por algo más cercano.  Mi amiga Inés nos enseñó  el Molino del Manto mediante una visita virtual a través de Google Maps, y no lo dudamos. Salimos de Madrid dirección S.E., camino de Chinchón….y al llegar a este lugar no podíamos dar crédito. Un verdadero oasis con una vegetación exuberante, atravesado por un río en el que había un antiguo molino, y tan sólo a media hora de Madrid.

Entramos en la finca a través de una amplia explanada rodeada de jardines: filas de cipreses, una pradera de frutales, un campo de aromáticas y olivos, en el que suena una relajante música de fondo que nos acompaña hasta la zona de recepción.

La acogida fue entrañable, como si fuéramos de la familia, y tras las presentaciones nos disponemos a recorrer el Molino del Manto. Empezamos  por  una pequeña pradera en la que vemos un magnífico sauce, y pienso realmente que es el sitio ideal para una ceremonia.

Y enseguida estamos frente al Molino, un edificio del s. XVIII catalogado en Patrimonio, cuya fachada en albero trapeado al puro estilo de la Toscana no nos deja indiferentes, y de su historia los actuales propietarios nos van comentando interesantes anécdotas.

La explanada frente al porche principal en la que se encuentra un antiguo pozo, nos va a servir  para el cokctail de recepción, y en los caminos que se distribuyen desde la misma pondríamos puestos gourmets y cualquier otra cosa ingeniosa.

Muy cerca de estos espacios, descubrimos camuflada entre la vegetación una gran haima octogonal acristalada, con suelo de madera decapada, que utilizaríamos como plan B. Nos cuentan, que las ideas de la decoradora Marta de O’Connor entusiasta del Molino, fueron decisivas para acometer los cambios en este espacio. Es un detalle a tener muy en cuenta, pues no todas las fincas disponen de una zona  tan especial y práctica.

Durante el  recorrido siempre estamos acompañados de una excelente música, que cambia dependiendo del espacio, y baja de volumen cuando nos acercamos al río. Se nota una especial  sensibilidad de quienes forman parte de la  puesta en escena de este lugar.

Este pequeño arroyo es una de las atracciones de la finca. Aparece por debajo del Molino a través de unos arcos de piedra, y ahora la música la pone el ruido del agua producido por las pequeñas cascadas. Lo podemos cruzar por varios puentes: el de madera, el japonés y la pasarela que sirve de acceso a minusválidos.

La zona del río es espectacular, e imaginamos el efecto de noche con toda la iluminación natural que se distribuye por sus canales: antorchas, faroles antiguos, velas y velones repartidos con mucho acierto por todos los espacios, hasta llegar a un palmeral que nos deja un tanto perplejos.

¡!! Hemos llegado a Madagascar ¡!!  me dice Alejandro encantado, y la verdad es que junto al palmeral vamos descubriendo lo que fue -y ahora también es- un pequeño jardín romántico del XIX:  yucas, palmeras, laureles, tilos, castaños de indias, plátanos de sombra y una multitud de arbustos y plantas que no son para nada autóctonos de este lugar, forman parte del jardín.

Esta es la zona ideal para la comida o la cena, y  la podemos diseñar a nuestro gusto, con más o menos protocolo, pues tenemos tiempo para decidirlo. Hay espacio para 350 personas, y se pueden colocar las mesas del banquete y los puestos distribuidos entre los árboles iluminados. Tanto el  cátering como las Wedding planner nos ayudarían a decorarlo todo.

En el centro de este jardín “tan romántico” hay una fuente antigua de diseño árabe, que es un auténtico chill-out. Está adornada con faroles, velas, antorchas y tiene una bancada en todo su contorno decorada con almohadones y  colchonetas para sentarse. Ah, y con su propia música ambiente.

En un lateral del edificio principal, como un escenario que preside el banquete en el palmeral, se encuentra un sitio ideal para bailar. Se accede a través de unas escaleras con cascadas a ambos lados, y nos comentan que muchos novios la utilizan para aparecer en el banquete bajando solemnemente los escalones iluminados con velas.

No estamos muy seguros si haremos algo parecido, pero la idea ahí queda. La verdad es que   es muy cómodo, la zona de baile un poco en alto y dos espacios compartidos con sonido cuadrafónico unificado o independiente, según interese.

La música la podemos diseñar nosotros, tanto la discoteca como la de toda la finca, por espacios y por tiempos. Es otra cosa importante a tener muy en cuenta, por lo menos para nosotros que somos adictos a la buena música y a los directos. Y para ello más sorpresas: un escenario en los arcos del río para conciertos en vivo.

Por la trasera de la zona de baile y partiendo de las compuertas del antiguo molino, iniciamos un recorrido por el río marcado con antorchas,  vemos más cascadas, un rincón chill-out con un toque un poco balinés y otro puente de madera  por el que cruzamos a los baños.

Nos comentan la posibilidad de personalizar todo esto aportando nuestras propias ideas, con la inestimable ayuda del equipo de Wedding Planners que colaboran con el Molino, y que además son decoradoras.

Terminamos el recorrido de exteriores atravesando una zona con  amplias barbacoas que se pueden utilizar al día siguiente si nos encaja, ya al quedarnos alojados dispondríamos de la finca hasta la noche del domingo. Un detalle que también nos ha encantado.

Tras el entretenido paseo viendo todos los espacios exteriores, nos invitan a conocer el interior de las edificaciones.

El edificio dónde se encontraba la maquinaria del molino data de 1759,  la cual estuvo en funcionamiento durante varios años, para transformarse  en 1810 en casa solariega. Nos comentan que la rehabilitación ha tenido varios períodos hasta la actualidad. Han partido      de  los elementos originales: suelos, puertas, ventanas  y vigas de madera, para llevar a  cabo una meticulosa restauración. Posteriormente iniciaron la decoración de los interiores con la ayuda de La Galería de Doña Urraca, y más recientemente  con la  implicación de Borgia & Conti en el diseño y puesta en escena, aportando a su vez el mobiliario de sus tiendas.

La planta baja tiene un hall con chimenea,   y por un lado un pasillo que da acceso al espacioso salón con cuatro balcones al río, también con chimenea. Por el otro lado, una amplia y acogedora cocina, completamente equipada, en la que ¿cómo no?, encontramos una chimenea más. Del salón sale una escalera tallada en madera por la que se accede a una balconada en la que encontramos un billar y una  junior-suite con ventanas a las dos fachadas. También  en la planta alta se encuentra el resto de los dormitorios, con una capacidad total para trece personas.

Por último, y saliendo al césped de entrada hay una pequeña casita rústica con un porche antiguo, convertida hoy en un apartamento con cocina americana. Es ideal para una familia con niños, pero también nos ha gustado mucho para nosotros.

Nos despedimos de este mágico lugar, el cual hemos adoptado como si fuera de nuestra familia, compartiendo un vino con sus propietarios. Tras esta encantadora visita, no tenemos duda alguna que nuestra boda será en el Molino del Manto.

Y continuamos nuestro camino hacia Chinchón, para comer en uno de los restaurantes de esa Plaza Mayor, de la que tan buenos recuerdos tenemos.

Marlene y Alejandro