Molino del Manto

        En la vega del Tajuña, enclave de la finca, la historia ha visto pasar desde los pueblos prehistóricos, hasta las civilizaciones romana y árabe, dejando cada una maravillosos vestigios en las cercanías del “Molino del Manto”.

        La primera construcción de este molino harinero data del año 1752, según el catastro de Ensenada elaborado por el Marqués de la Ensenada, coincidiendo con el inicio del reinado de Carlos III. Su primer uso es el molido de diversos tipos de grano de uso alimenticio. Además es finca de recreo para la familia propietaria, y se utilizan las hectáreas de regadío que la circundaban.

        El molino sirvió de cuartel de enlace para las tropas invasoras durante la guerra de la Independencia, y tras la revuelta del 27 de Diciembre de 1808 en la que los vecinos de Chinchón darían muerte a varios soldados franceses.  Posteriormente esta noble ciudad sufriría un largo asedio.

        La primera modificación de la arquitectura del molino data de 1810, en la que se replantean la planta baja y los arcos sobre el río como se encuentran en la actualidad. Durante este siglo XIX, y dado el carácter de residencia de campo que empieza a adquirir la casa, se inician diversas plantaciones en el jardín según la moda de esta época romántica.

        Siendo ya propietario del Molino, el Coronel del cuerpo de Ingenieros, Don Ramiro Ortiz de Zárate, en 1912, diseñó el jardín con numerosos juegos acuáticos, incluyendo variedades arbóreas originales de otros continentes como las yucas y las palmeras tibetanas, que combinan con otras especies europeas como los castaños, olmos, tilos, plátanos …y todo ello mantenido por un sistema de riego árabe que aún se conserva activo.

        Los actuales propietarios de este singular molino, han realizado un ambicioso proyecto de restauración, para intentar mantener el espíritu original de la finca y su jardín romántico, que sirve de base para diversidad de actuaciones culturales, medioambientales y ocio.